Testigos mudos del paso del tiempo

Si las paredes hablaran no sólo contarían historias, a veces también reirían e incluso serían capaces de llorar en ocasiones.

Las paredes de las casas guardan secretos, historias, misterios…Son como los propios pensamientos. Todo aquello que no decimos se queda encerrado entre las cuatro paredes de nuestra habitación.

Por eso, cuando cambiamos de casa, le confiamos nuestros secretos a las paredes, sabiendo que no los desvelarán a los próximos moradores, porque la relación entre las casas y las personas es íntima, y secreta…

Y así, cuando nos mudamos a una nueva casa, debemos poco a poco conseguir su confianza, y la casa también poco a poco nos hace sentirnos cómodos, hasta el punto de contarle nuestras intimidades.

Si las paredes hablaran, sabrían cosas que ni nosotros mismos.

Por eso no hablan. Porque las casas, cuando llegan a ese grado de confianza, cuando se convierten en hogar, son testigos mudos del paso del tiempo.

eva cobos

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